
Hay cosas que me cuesta entender. No por que resulten intrincadas o confusas, sino por innecesarias y dañinas. La más reciente: ¿por qué dedicar un libro entero a intentar «argumentar» que las llamadas «denuncias falsas» son un hecho terrorífico que nos acabará por quitar la libertad a todos los hombres del planeta?
Pues así la cosa, el otro día estaba yo en una librería a la que acudo con cierta asiduidad, cuando me tropecé con ese libraco. Me lo topé de frente, en la sección de novedades, y la cubierta me capturó la vista sin que pudiera evitarlo. La cosa se llama Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, y el autor es Juan Soto Ivars. No voy a bajar al barro personal en absoluto porque me considero una persona elegante, y tampoco voy a desmontar todas las falacias que expone con mucho orden el texto (ya hay por ahí peña con mucha más repercusión y mucha más formación judicial que yo dedicándose a ello).
De lo que quiero hablar es de responsabilidad. Social e individual sobre todo. Un volumen como este, que lleva en la portada la justicia con gafas de sol en ademán sátiro, y que dedica la friolera de 448 páginas al elevado ejercicio de la negación, me suscita un único pensamiento: ponerse con este tema, en pleno 2025, es una de las tareas más irresponsables que se podría uno echar a la cara. ¿La idea es sublevar a los pobres hombres contra las mujeres opresoras? ¿Crear una conciencia de clase contra las féminas, unas terribles hijas de puta que quieren terminar a golpe de denuncia falsa con el grueso del macherío judicialmente indefenso? ¿Se trata de proferir que «estamos muy malitos y queremos que escuchen nuestros lloros»?
Déjenme poner un ejemplo. Espero me imagine el lector esta mañana1, tomándome mi café matutino con el periódico sobre la mesa, leyendo el titular «un hombre asesina a puñaladas a su pareja en Torrejón de Ardoz»2. Según leía, la mujer se encontraba en el sistema VioGén desde diciembre del 2021 por una denuncia de una persona externa que presenció un maltrato3. También leía que la mujer había denunciado, pero que se retractó de los hechos y se desactivó el tema. Y me llena la boca del sabor ácido de la bilis pensar que con este libro el autor ha preferido lanzar mierda contra una realidad que congela la sangre en lugar de construir algo, lo que sea. Fijémonos cómo es la cosa que el sistema condenó a la mujer a muerte solo porque se «retractó», sin entrar a valorar por qué, sin entrar a valorar qué tenía ella en casa, sin entrar a valorar una puta mierda. El asesino pudo hundir la hoja de su navaja en el cuello de la víctima y pudo lanzarse por la ventana después de hacerlo. Incluso habría podido, de haber querido, acercarse a una librería a comprar este libro y echar la tarde dándose golpes de gusto en el pecho.
Con ella, suman 41 las asesinadas en lo que va de año. Pero por lo que sea, y con todo esto en el atemorizante horizonte social que tenemos delante, Soto Ivars ha preferido dirigir la atención hacia las denuncias falsas. Como decía, no puedo entenderlo.
Y ahí, justo ahí, está mi punto. La frivolidad de dedicar tanta letra y esfuerzo a algo que hace de menos a las víctimas de violencia de género me revuelve el estómago. La distracción del mago que mueve la mano izquierda con mucho brío para cambiarte la carta con la derecha y decirte «tachán». Y ampararse en la libertad de expresión para hacer daño, mucho daño, a una sociedad que ha enterrado (que sepamos) a 1336 mujeres desde 2003 me deja paralizado. Porque, y esto deberíamos grabárnoslo a fuego en la frente, la libertad de expresión (algo que doy por sentado y que considero un derecho inviolable) también puede ser la herramienta de aquellos que deciden vivir con los ojos vendados. E invocarla para atacar a tus críticos (que no censores) deja al descubierto que el argumentario es flojo y la intención perversa.
- Esta columna esta escrita en la tarde del día 2 de diciembre del 2025.[↩]
- Edición en papel de La Voz de Galicia del 2 de diciembre del 2025, página 20.[↩]
- N.D. (2025, 2 diciembre). María Ángeles, de 45 años, es la víctima número 41 por violencia de género en 2025. La Voz de Galicia. https://l1nq.com/BYQDA[↩]
