Ojalá la película hubiera sido más como decía ser en sus primeros treinta minutos y menos como acabó siendo. Estoy tan maravillado por las ideas socioculturales que atraviesan su propuesta vampírica como espantado por la absoluta falta de coherencia narrativa que demuestra.
Tiene tanto la capacidad de embelesar (fantástico Jordan, fantástica fotografía, fantástica música) como de tratar de abarcar demasiado (horteradas varias de todo tipo sin justificación dentro del todo) como de perder el norte irremediablemente (el guion, ay, el guion).
Le falta mala hostia, le falta unión, le falta un itinerario. Una pena porque juro que la primera media hora me tuvo haciendo palmas con las orejas.
