La lía parda en el primer acto. Asume que el espectador no es muy listo y toma demasiadas decisiones chorra por minuto. Tantas que uno llega a pensar: «puf, qué pedazo de cristo».
Pero luego se mete en el tema. Y joder, a veces echo de menos que el cine se ponga grave, consciente, fantasioso, desmesurado, excesivo. Innecesariamente artificioso y carente de toda ancla con la realidad. Tremendista pero firme, divertido, ligero en su festival de mundos que terminan y héroes en la sombra.
Es un cine en desuso. Y lo celebro fuerte. Vaya si lo celebro.
