Si padeces, has padecido, o sientes una sensibilidad fuerte hacia los TCA, seré claro: no veas esta película, aléjate de esta película.
Su retrato no solamente es erróneo, sino ampliamente iatrogénico. Compro la idea de que puede aproximar la realidad del TCA a la población general. Vale. Pero lo hace mal, lo hace con trucos baratos, lo hace con drama vacío y mentiras directas. Lo hace con un romance absolutamente estúpido, lo hace con un terapeuta que de existir habría que encerrar y lo hace con una mirada que viaja entre la autoayuda más sonrojante y el misticismo infantil del Paulo Coelho más desatado.
No le pongo nota. Ni siquiera me atrevo a eso. ¿Y sabéis por qué? Porque enmascara su falta de responsabilidad con la apariencia de una suerte de Notting Hill trasnochada. Y eso hace daño. Mucho.
Me repito: si padeces, has padecido, o sientes una sensibilidad fuerte hacia los TCA, no veas esta película. Si quieres acercarte a ellos por curiosidad, inquietud o formación, déjame un comentario y me comprometo a indicarte fuentes fiables, útiles y rigurosas hacia las que dirigirte.
