Estoy seguro de pocas cosas en la vida.
Pero que esta película es una pieza de magia extraordinaria, un pequeñísimo oasis en un mundo despedazado, un trago fino de agua pura, un abrazo cálido para los corazones tibios del otoño. Una cura para los que perdimos algo y buscamos un momento reconfortante en el que quedarnos a vivir, aunque sea solo dos horas.
De eso sí estoy seguro.
